sábado, 16 de junio de 2018

Exposición


EL ARTE COMO MEDICINA MODERNA

Cuando asistimos a la escuela, inevitablemente convivimos con otros jóvenes de nuestras edades, pero a pesar de que compartimos las aulas y se nos enseña lo mismo, no todos aprendemos de la misma manera. Esta vez queremos compartirles un texto sobre una de las posibles maneras de enseñar a un autista; una de las tantas “discapacidades” que padecen jóvenes como nosotros y que vale la pena conocer.
El autismo es un trastorno neurológico permanente del desarrollo que se presenta en los primeros 3 años de vida, el individuo que padece de este trastorno tiene la imposibilidad de relacionarse con el mundo exterior, tiende a hacer acciones de manera obsesiva como arreglar objetos de manera compulsiva o seguir rutinas muy específicas. 
Algunos de sus síntomas son: desinterés social con otras personas, o falta de atención al escuchar su nombre; suelen ser muy sensibles al tacto, por lo cual son muy poco tolerables al contacto físico; suelen tener también una gran sensibilidad auditiva, pero debido a su falta de conexión con la sociedad pueden mirar afectadas sus capacidades conductuales, sensoriales, e incluso motrices. 
Tiempo atrás se utilizó un método de enseñanaza para estas personas, basado en algunas técnicas conductuales tales como premios y castigos según su comportamiento, pero pronto se percataron de que no podían aplaudir o castigar a una persona por tener conductas inconscientemente diferentes a las nuestras. Los niños con esta diversidad funcional carecen de la capacidad para decodificar estos mensajes de comunicación y nosotros carecemos de la falta de entendimiento para comprender los suyos, ya que uno de los principales mitos sobre este padecimiento neurológico es que las personas con autismo no se comunican, pero la realidad es que sí lo hacen, solo que no cuentan con las extensas herramientas para realizarlo como nosotros, reemplazándolas por limitadas opciones como lo son los berrinches, gritos, llanto entre otras. 
Las personas con este padecimiento requieren de imágenes concretas y específicas para poder interpretar la situación del medio en donde se encuentran, por eso los expertos han propuesto el arte como una terapia neurológica, ya que el arte permite plasmar las emociones de una manera gráficamente sencillas y concretas que dan un significado a la idea. Según estudios realizados por Lorna Wing, psiquiatra muy reconocida en este aspecto, los niños con rasgos autistas tienen un déficit de imaginación sobre todo en los juegos simbólicos, ya que suelen ser muy literales y no entienden el sarcasmo, metáforas, doble sentido etc. Esto fue confirmado recientemente por el psicólogo Paul Harris, quien asegura que estos niños tienen en común una falta de creatividad, sobre todo a la hora de los juegos de rol, ya que no cuentan con el sentido de la ficción y les cuesta trabajo imaginar o crear realidades alternas a la suya.
Así pues, el propósito de la arteterapia es que estas personas a través de materiales artísticos plasmen esas emociones y puedan comunicarse a través de otro sentido. Por ejemplo en el auditivo: escuchar el sonido de los colores caer en la mesa, el sonido de los pasos al saltar, la música. En el tacto: tocar superficies suaves, ásperas, losas, frías, calientes, etc.
La importancia de la educación del arte como aspecto terapéutico en la actualidad es altamente reconocida ya que brinda a estos niños con una imposibilidad de comunicarse una manera factible de expresarse al mundo por medio de sonidos, texturas, imágenes, colores, olores etc.
Así que ya lo sabes, si conoces a un joven con autismo también conoces a un joven artista.

Por Claudia Jiménez.


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