EL ARTE COMO MEDICINA MODERNA
Cuando asistimos a la escuela, inevitablemente convivimos con otros jóvenes de nuestras edades, pero a pesar de que compartimos las aulas y se nos enseña lo mismo, no
todos aprendemos de la misma manera. Esta vez queremos compartirles un texto
sobre una de las posibles maneras de enseñar a un autista; una de las tantas “discapacidades”
que padecen jóvenes como nosotros y que vale la pena conocer.
El autismo es
un trastorno neurológico permanente del desarrollo que se presenta en los
primeros 3 años de vida, el individuo que padece de este trastorno tiene la
imposibilidad de relacionarse con el mundo exterior, tiende a hacer acciones
de manera obsesiva como arreglar objetos de manera compulsiva o seguir rutinas
muy específicas.
Algunos de sus síntomas son: desinterés social con otras
personas, o falta de atención al escuchar su nombre; suelen ser muy
sensibles al tacto, por lo cual son muy poco tolerables al contacto físico; suelen tener también una gran sensibilidad auditiva, pero debido a su falta de conexión
con la sociedad pueden mirar afectadas sus capacidades conductuales,
sensoriales, e incluso motrices.
Tiempo atrás se utilizó un método de enseñanaza para estas personas, basado en
algunas técnicas conductuales tales como premios y castigos según su
comportamiento, pero pronto se percataron de que no podían aplaudir o castigar a una persona por tener conductas inconscientemente diferentes a las nuestras. Los niños con esta diversidad funcional carecen de
la capacidad para decodificar estos mensajes de comunicación y nosotros
carecemos de la falta de entendimiento para comprender los suyos, ya que uno de
los principales mitos sobre este padecimiento neurológico es que las personas
con autismo no se comunican, pero la realidad es que sí lo hacen, solo que no
cuentan con las extensas herramientas para realizarlo como nosotros, reemplazándolas por limitadas opciones como lo son los berrinches,
gritos, llanto entre otras.
Las personas con este padecimiento requieren de
imágenes concretas y específicas para poder interpretar la situación del medio
en donde se encuentran, por eso los expertos han propuesto el arte como una
terapia neurológica, ya que el arte permite plasmar las emociones de una
manera gráficamente sencillas y concretas que dan un significado a la
idea. Según estudios realizados por Lorna Wing, psiquiatra muy reconocida en este
aspecto, los niños con rasgos autistas tienen un déficit de imaginación
sobre todo en los juegos simbólicos, ya que suelen ser muy literales y no entienden el sarcasmo, metáforas, doble sentido etc. Esto fue
confirmado recientemente por el psicólogo Paul Harris, quien asegura que estos niños
tienen en común una falta de creatividad, sobre todo a la hora de los juegos de
rol, ya que no cuentan con el sentido de la ficción y les cuesta trabajo
imaginar o crear realidades alternas a la suya.
Así pues, el propósito de la arteterapia es que estas personas a través de materiales artísticos plasmen esas emociones y puedan comunicarse a través de otro sentido. Por ejemplo en el auditivo: escuchar el sonido de los colores caer en la mesa, el sonido de los pasos al saltar, la música. En el tacto: tocar superficies suaves, ásperas, losas, frías, calientes, etc.
Así pues, el propósito de la arteterapia es que estas personas a través de materiales artísticos plasmen esas emociones y puedan comunicarse a través de otro sentido. Por ejemplo en el auditivo: escuchar el sonido de los colores caer en la mesa, el sonido de los pasos al saltar, la música. En el tacto: tocar superficies suaves, ásperas, losas, frías, calientes, etc.
La importancia
de la educación del arte como aspecto terapéutico en la actualidad es altamente
reconocida ya que brinda a estos niños con una imposibilidad de comunicarse una
manera factible de expresarse al mundo por medio de sonidos, texturas, imágenes,
colores, olores etc.
Así
que ya lo sabes, si conoces a un joven con autismo también conoces a un joven artista.
Por Claudia Jiménez.

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