EL ARTE DE CONOCER
Te
conocí en la escuela, para ser exactos en tercero de prepa; yo no te buscaba y
sin embargo te encontré; me pareciste simpático, de una estatura peculiar y un
peinado anticuado; tu nariz tan bonita y alargada y no se diga esa sonrisa, que
parece que canta. Me gustan tus manos como de porcelana, tu cuello con pequeñas
constelaciones, tu cabello como la noche. Cuando te ríes, cuando te ríes es mi
función favorita, porque disfruto observar cómo tus ojos se achinan, y cómo
esas comisuras se forman por tus labios de manera angelical.
Me parece
lo máximo tu personalidad: tan paciente, gentil, divertido, tan agradecido con
la vida, y mira que es fácil adivinar si estás triste, feliz o molesto, porque
tus cejas te delatan, tan arqueadas siempre que cuando frunces el ceño es fácil
saber que estas disgustado.
Te
conocí en la prepa y ni siquiera te buscaba, pero te encontré, y ahora no
quiero que esos ojos color almendra se pierdan, pero si lo hacen, sin duda los
buscaría.
Por Valeria Aguirre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario